Marrakech nació como una inmensa redicilla de muros, de tierras y de tejados en un cuadriculado imperfecto, tejido de espacios cerrados,de jardines, de pattos, ceñide en una annonia de tonos ocres rosados como en un tornasolade tapiz de antiguos secretos.
Después el clima ha jugado un papel sobre esta tierra, donde la lluvia y el viento, arrancan el polvo depositándolo en el camino y las calles. La ciudad, es lentamente reconstruida, y vuelve a redibujarse sin cese sobre la vieja ciudad, por otros muros levantados sobre el rastro de los viejos muros, con la misma tierra,debajo siempre del mismo sol.
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